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martes, 23 de agosto de 2016

PALABRAS DE SINDEL SEMANA 34 DE 52

NADA......






Tres de la tarde, julio de 1963, un pueblecito de la estepa manchega rozando los 40 grados……
No sabía cómo, había logrado escaparse de la siesta, era consciente de que con sus escasos cinco años tenía un enorme poder de convicción.

-          - Que me quedaré aquí quietecita, mirando el cuento, que me portare bien, que no me moveré de aquí, que no voy a hacer NADA….

Quince minutos después, en la casa reinaba el silencio, en el interior, los mayores dormían, el abuelo su eterno cómplice, dormitaba en la mecedora. En silencio, salió del comedor, cerrando cautelosamente la puerta, en el patio el sol caía a plomo, ni un minúsculo trozo de sombra donde cobijarse y entonces fue cuando pensó en la galería de arriba. Tenía prohibido subir sola.

-         -  No ves que puedes caerte – le decían.

Eso como mucho era menospreciar sus habilidades, estaba harta de subir y bajar sola y acompañada y hasta era capaz de saltar de golpe cuatro escalones.

Pensó, que la aventura sería menos aburrida si podía ir acompañada, para eso se acercó de forma sigilosa a la gata de su tía que dormía hecha una rosca en una de las sillas.

-       -   Milindrina – dijo mientras la iba acariciando - ¿vamos para arriba?

La gata salto escopeteada, escarmentada ya de anteriores experiencias con la pequeña. Y justo en ese momento apareció Cus, el perro a quien aquel invierno había salvado de morir apedreado su hermano. No le gustaba mucho que el perro la siguiera en sus correrías, por experiencia sabía que los gatos ante sus experimentos eran más silenciosos; un soplido, un arañazo y si la cosa no iba a más, los mayores no tenían ni que enterarse.

En los últimos meses, el perro había crecido de forma considerable, ya no era aquel pequeño cachorro a quien podía llevar en sus brazos a todas partes. Ahora Cus parecía tener personalidad propia y no se dejaba arrastras fácilmente. Pero esa tarde parecía tener suerte ya que el perro la fue siguiendo hasta arriba de las escaleras e incluso una vez arriba se sentó en su regazo.

Lo que más le gustaba de la galería, era la caja metálica donde estaban guardados montones de artilugios para ella mágicos: pendientes desparejados, cadenas rotas, gemelos solitarios….todo aquellos objetos que los mayores abandonan pero que son de de una gran utilidad para una niña de cinco años.

Con un viejo cortaúñas, intento cortar las uñas de Cus, pero ante los ladridos y las quejas incipientes de este desistió, solo faltaba que la engancharán allí arriba. Poco después descubrió una vieja peineta con la que pudo peinar al perro tarea esta que parecía agradarle al pequeño animal, que se  mantenía adormilado entre sus brazos.

Pronto, empezó a aburrirse de la tarea de peinar, realmente ella no había nacido para peluquera, fue justo en ese momento en que los vio, eran dos pendientes alargados de aquellos que solo es posible ponerse si en las orejas se tienen agujeros. Pensó en la forma de ponerle al perro los pendientes, pero no descubrió ningún agujero en las orejas del can, así que cogió una de las orejas en sus manos y incrusto el pendiente con todas sus fuerzas.

Lo que sucedió segundos después fue un alboroto tal que ella a duras penas recogió en un rincón la caja de los tesoros y bajo  saltando de seis en seis los escalones. Cus, corría como un loco aullando por toda la casa tirando al suelo todo lo que encontraba a su paso, daba vueltas como intentando en vano sacar de su oreja aquel maldito artilugio.

Ella, entro rápidamente en el comedor, sentándose en el antiguo sofá de anea, se quedó justo ante el libro de cuentos en la misma posición en que la dejaron los mayores justo una media hora antes. El abuelo, se levanto atolondrado, a la par que salieron del dormitorio su abuela y su tía.

-        -  ¿Pero que ha pasado? ¿Qué le has hecho al perro?

Como siempre, los miro con aquella cara inocente de niña buena, y como si no fuera con ella dijo:

-       -   ¿Yo? NADA......


9 comentarios:

  1. Jajaja Molí que divertida esta historia, pobre el perro lo que ha pasado, menos mal que la niña fue más rápida que el barullo que despertó a toda la casa. Así son los niños, traviesos, inocentes, con esa capacidad para hacer un mundo de un par de pendientes. Me encantó leerte, un abrazo enorme.

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  2. Jajajaja esas diabluras de niña me encantan.

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  3. ¡Pobre bicho, que paciencia! :-)
    Total, la paliza es un rato que se suele decir ¿y lo bien que se lo pasó?

    Un beso grande.

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  4. jajaja qué traviesa!... pobre perro! las fechorías que se habrá tenido que aguantar teniendo que convivir con esa pícara!
    Muy tierna historia!
    Un abrazo

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  5. Me has robado una sonrisa jajaj. Bella historia Me voy con esas imagenes. Besito

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  6. Eres un cielo Moli, jajajajaja. Creo que todos hemos echo alguna travesura de niñas, ¡Ay! Si yo te contará....

    Besos guapa.

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  7. Hola: tu historia m eha recordado el mismo problema que tuve, pero al reves. Recién casada y con con mi hijo de meses, cada verano pasábamos unos dias en casa de mis suegros en el campo. Mi hijo que tenia un dormir difícil, era en la hora de la sista cuando mas berreaba. Me sabia tan mal molestar a todos, y salia de la casa para que no le oyeran, con un sol de muerte, y llorábamos los dos al unísono, hora y media o dos.
    Un abrazo, amiga.

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  8. Jajajaja, preciosa historia, la niña se las trae,.
    Me encanto leerte.
    Un beso

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  9. ¡Qué bonita historia... muy graciosa!

    Besitos!

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