miércoles, 28 de septiembre de 2016

LA AMIGA LEONOR DESDE MI BLOG DE FOTOS NOS CONVOCA ESTA SEMANA A TRAJINAR POR LA COCINA......

NUEGADOS





INGREDIENTES: 18 huevos, 1,5 Kl de miel, 3 Kl de harina,  vinagre, aceite de oliva.

Los días del invierno crudo parecían haber llegado a su fin y aunque ya se había iniciado la primavera había días aun en los que el frío se hacía notar, el paso fronterizo se iniciaba con la semana santa, con sus procesiones de las que ya conocía cada uno de sus pasos, con toda la familia en la calle siguiendo el vaivén de los nazarenos y con el abuelo que año tras año se negaba a seguir un ritual en el que no creía. Pero días antes de que esto ocurriera estaban los nuégados y su dulce ritual.

PREPARACIÓN:

Se utilizara como medida las medias cascaras de un huevo. Se baten los huevos y se les va añadiendo 18 medidas de aceite (frito previamente), se añaden 8 medidas de vinagre y se sigue batiendo, se va añadiendo la harina poco a poco hasta que quede una masa consistente que se pueda modelar con las manos.

Desde donde mi memoria alcanza, llega la imagen de mi madre trajinando en la cocina junto a Catalina, nuestra vecina más entrañable, la gavilla de sarmientos encendidos, calentaban una enorme sartén con aceite y yo saliendo y entrando,  hasta el momento en que la masa estaba hecha. Entonces, justo en ese momento, era cuando los más pequeños podíamos participar amasando con nuestras pequeñas manos y observando las tiras de la masa que surgían cual milagro.

Se van haciendo unas tiras largas con la masa (tiras como churros) y se ponen extendidas en la mesa sobre un mantel limpio para que reposen y queden resecas por fuera.

Según me explicaba mi madre, durante los días anteriores al jueves santo no se podía cocinar, de ahí que en días sucesivos, quedaran perfectamente colocados en la cocina platos con tortillas de patatas, bacalao frito, torrijas y los nuégados que en las casas de Membrilla nunca podían faltar.

Poner bastante aceite en una olla a calentar, se van cortando las tiras de la masa en trozos pequeños y se ponen a freír (con cuidado porque el aceite tiende a rebosar), se van friendo por tandas y con cuidado que no se quemen o que queden poco fritos.

Me encantaban las bolitas aun calientes y vigilando los movimientos de mi madre las cogía presurosa de la fuente, las ponía en mi boca sin soltar ni una sola queja aunque mi lengua se quemara.

Una vez sacados del fuego se pone medio kilo de miel a calentar en una sartén grande, se calienta la miel hasta que esta quede en punto de caramelo (esto se comprueba tirando unas gotas de miel en un vaso con agua, si esta queda solida es que esta en punto de caramelo). Cuando la miel esta en este punto se van tirando los trozos fritos de la masa y se van mezclando con la miel, una vez hecha la mezcla se va emplatando en forma de rosca, mojándote los dedos para no quemarte.

Durante días iba cogiendo trocitos de la rosca, lo mejor era aquella miel que quedaba enganchada en el plato y que una vez en la boca casi se enganchaba en los dientes, cerraba los ojos sintiéndola derretirse en mi boca. Aun hoy no se porque eran mucho más buenos los nuégados robados que aquellos que mi madre me permitía comer…..

CUATRO GENERACIONES JUNTAS HACIENDO NUEGADOS


Año 2010 poco antes de semana santa.

-        -  Mari, ¿sabes que hoy hemos hecho nuégados?

No logro escuchar lo que responde mi hermana al otro lado del hilo telefónico, pero observo la cara de felicidad de mi madre.

-         - No, no recuerdo haberlos hecho antes, pero están buenísimos, iguales que los de Membrilla ¿sabes?

Durante el día he observado su ir i venir, su ilusión siguiendo unos pasos que ella ha repetido cada año aunque los hijos no viviéramos en casa, siempre, antes de semana santa, nos reuníamos en una especie de tradición y se hacía una rosca de nuégados para cada familia. Pero eso ella ya no lo recuerda, es como si la elaboración de este postre que  nos ha transmitido fuera algo nuevo para ella, he visto su sonrisa picarona metiéndose las bolitas calientes en la boca y sus ojos cerrados saboreando la miel enganchada en el plato, dicen que la memoria de los sabores es una de las más difíciles de perder, por suerte.



13 comentarios:

  1. Inma, un precioso relato con receta incluida. Me ha encantado la forma que le has dado a ese recuerdo. Y me quedo deseando probar esos nuégados tan dulces.

    Un beso.

    ResponderEliminar
  2. Aunque no creo haberlos visto hacer en mi casa, si recuerdo comerlos en los días de los santos, comprados en una confitería de mi pueblo, llamada La Flor de la Mancha. Me encantaban.
    Leyendote he recordado a mi madre, haciendo el arrope y a toda la parafernalia urdida para que yo, un mequetrefe, no anduviera cerca para no quemarme.
    Bonito recuerdo.
    Un beso.

    ResponderEliminar
  3. Me ha conmovido la emoción que se halla en este cálido relato, intercalado con los detalles de tan elaborada receta. Los platillos y los dulces especiales, rodeados de ese halo simbólico tradicional como el que nos cuentas, son verdaderos tesoros que nunca se deberían perder. Esperemos que continúen vivos, generación tras generación!
    Un fuerte abrazo.

    ResponderEliminar
  4. Me ha conmovido la emoción que se halla en este cálido relato, intercalado con los detalles de tan elaborada receta. Los platillos y los dulces especiales, rodeados de ese halo simbólico tradicional como el que nos cuentas, son verdaderos tesoros que nunca se deberían perder. Esperemos que continúen vivos, generación tras generación!
    Un fuerte abrazo.

    ResponderEliminar
  5. Lo dulce en la receta, en tus palabras y en los recuerdos, ¡que ternura ese pasar de generación en generación!
    Mmmmmm se me hace la boca agua.
    Un beso

    ResponderEliminar
  6. Lo dulce en la receta, en tus palabras y en los recuerdos, ¡que ternura ese pasar de generación en generación!
    Mmmmmm se me hace la boca agua.
    Un beso

    ResponderEliminar
  7. Creo que ya has utilizado una fórmula parecida alguna vez, mezclando tecnología (lo es una receta), con los sentimientos que produce.
    Y queda un relato delicioso, a la vez que emocionante.
    Besos, amiga.

    ResponderEliminar
  8. Deben de estar de rechupete.
    Qué alegría ver a cuatro generaciones haciendo un plato en la misma cocina, para emocionarse.

    ResponderEliminar
  9. Deben de estar de rechupete.
    Qué alegría ver a cuatro generaciones haciendo un plato en la misma cocina, para emocionarse.

    ResponderEliminar
  10. Un relato de cocina súper delicioso, con una receta única. Me parece espectacular que esas cuatro generaciones mantengan esa tradición. ¡Debieron quedar de chuparse los dedos!
    Beso

    ResponderEliminar
  11. Un relato de cocina súper delicioso, con una receta única. Me parece espectacular que esas cuatro generaciones mantengan esa tradición. ¡Debieron quedar de chuparse los dedos!
    Beso

    ResponderEliminar
  12. Qué buena pinta!! tengo que probar a hacerlo.
    Un abrazo

    ResponderEliminar
  13. Bueno, con la foto ya me ha entrado hambre. Hay mucha tradición en esta receta, pero mucha cohesión entre todos. Me encanta el trabajo cooperativo, es una unión de lo mejor de todos para sacar algo fuera de sí. Los relatos jueveros son una prueba de ello. Este texto es un ingrediente delicioso. Un abrazo.

    ResponderEliminar