miércoles, 7 de junio de 2017

CONVOCATORIA JUEVERA PARA EL JUEVES 8 DE JUNIO

HELADO DE TRES BOLAS


Definitivamente la crisis había dado al traste con sus planes de estudiar psicología, pero no podía quejarse porque tal y como estaban las cosas en casa Ana tubo la gran suerte de encontrar aquel trabajo en la heladería Vainilla. Siguiendo el consejo de su madre quien decía que a mal tiempo buena cara, puso su ilusión en aquel trabajo en principio temporal pero en que ya llevaba más de cinco años.

Se fijó en ellos por aquel aire delicado que parecía emanar de dos ancianos que casi siempre aparecían rozándose las manos, por las palabras dulces que aún eran capaces de regalarse, o por aquella educación hoy escasa con la que se dirigían a ella.

-        -  Por favor señorita – decía con voz suave la señora de ojos claros –  ¿podría ponernos un cucurucho de limón?

-         - No, perdone – decía el señor de pelo gris escaso – mejor que sea de vainilla la especialidad de la casa.

Se pasaban un buen rato decidiendo y cuando Ana se dio cuenta de que esa decisión del uno en favor del otro se debía al precio de los helados en función del número de bolas fue ella quien les dio la solución.

-       -   Perdonen que me meta en sus cosas – les dijo – pero no sé si saben ustedes que si eligen un cucurucho de tres bolas les sale mucho más barato que dos helados de una sola.

-       -   Pues no está mal – dijo el señor – y con lo golosa que tú eres……

Se miraron como dos niños traviesos y salieron felices con la extraña combinación una bola de vainilla, otra de limón y una tercera de regaliz, esta última recomendación de Ana.

Cada verano, los veía venir una vez a la semana, los observaba sentados en el banco cercano a la heladería, cada uno con una cucharilla, ella picara metía la cuchara dos veces mientras el más tranquilo comía solo una. Cuando Ana los miraba solo podía ver amor.

-       -   Un pendón, eso es lo que es esa.- quien hablaba así era Carmen poseedora de una lengua viperina.

-        -  Pues si – continuo – allí donde la ves, esssa (y lo decía arrastrando la ese) abandono a su marido y a sus cuatro hijos para liarse con un soltero. Lo que no tiene es vergüenza….

Pero Ana, ya llevaba el suficiente tiempo en la heladería como para saber leer en los ojos de su clientela. En los ojos de Nines y Pablo veía amor a raudales, en los ojos de Carmen solo veía envidia y rencor.



-         - Solo me basto cerrar los ojos un instante – fue uno de aquellos días en los que raramente Nines había llegado sola a la heladería – para ver claramente que no quería envejecer junto a él.

De esta forma tan simple y sencilla y sin un atisbo de rencor, Nines le explico porque hacía ya muchísimos años decidió dejarlo todo por un auténtico amor.

Después de un invierno duro, Ana los observa, Pablo ha llegado empujando una silla de ruedas donde Nines parece mirarlo todo desde una mirada vacía. Durante el invierno sufrió una embolia cerebral que ha hecho avanzar de forma irreversible su demencia. El se sienta en el banco junto a ella mientras de forma delicada va poniendo en su boca dos cucharadas de helado; dos para ella y una para él. Mientras Ana piensa en aquel novio con el que acaba de romper, después de dos años de convivencia. Un día cerro los ojos y por un instante lo que vio no le gusto y entonces supo sin miedo a equivocarse, que no quería envejecer junto a él.





11 comentarios:

  1. Uff y te digo pq , me has hecho que mis ojos se humedezcan pq en este relato veo puro amor ..lo demás sobra simplemente maravilloso .
    Un fuerte abrazo amiga hoy me has tocado la fibra muakkkkkkkkkk
    Feliz semana.

    ResponderEliminar
  2. Esa imagen final de Pablo dándole dos cucharadas de helado a Nines lo dice todo. Bello relato. Besos.

    ResponderEliminar
  3. Madre mía pero qué enternecedor tu relato, querida MOLI, la verdad es que me ha encantado, y lo he visto muy realista, y es que encontrar hoy en día un trabajo es tan dificil, y ninguno se puede desperdiciar.

    Y esos ancianos que iban a por sus golosinas como dos niños, a por esos helados, y qué enternecedor imaginarlos diciéndose palabras tan dulces.

    Me ha encantado, MOLI, un placer leerte.

    Besos enormes y feliz tarde.

    ResponderEliminar
  4. Con qué poco se puede ser feliz! y qué simple resulta la vida si se sabe desprender uno de las apariencias superficiales. Hermoso relato. Un abrazo

    ResponderEliminar
  5. Ooohh !!!
    que bella historia me a encantado y emocionado bastante, es un relato simple pero muy bien logrado

    ResponderEliminar
  6. Ooohh !!!
    que bella historia me a encantado y emocionado bastante, es un relato simple pero muy bien logrado

    ResponderEliminar
  7. Interesante propuesta psicológica que nos haces a través de un puesto de helados.

    ResponderEliminar
  8. Que hermoso, romántico relato. Moli.
    La vida da sorpresas, algunas agradables y otras no. Me encanto el trasfondo de tus protagonistas.
    Bso

    ResponderEliminar
  9. Así que no tienen vergüenza, es algo de mérito elegir las emociones por sobre el que dirán, lo que se supone que se debe hacer.
    Y los helados como un ámbito. Bien la actitud de Ana.

    Un buen relato para tu jueves.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  10. Introducir el elemento discordante ha hecho que tu relato sea mucho más real.

    Un beso.

    ResponderEliminar
  11. Lo dulce del helado con un toque amargo de realidad...como decía el poeta: "apartar el corazón de los asuntos"
    Besos

    ResponderEliminar