Este relato lo escribí hace unos años pensando en mi amiga Carmen Aparicio y intentando ponerme en su lugar, su lucha constante se remonta a su más tierna infancia y no ha habido día que haya tirado la toalla. Va por ti Carmen!! Y por todas las personas para quienes unas simples escaleras roban su libertad.
TOCANDO EL SOL
Con doce meses mis manos se extendían hacia el cielo, justo esos días mis pies inseguros me arrastraban hasta le enorme escalera de la casa del abuelo, allí en lo más alto pude ver el sol, intente subir el primer escalón con pasos inseguros y en un instante caí. Mis lágrimas se unieron a los arrullos de mi madre y tuve que desistir. Días después me ataco el monstruo al que llamaban polio, días de horror y de miedo, lágrimas y rezos….sobreviví.
Tengo cuatro años, me arrastro por el suelo, mis piernas son como de trapo, a diferencia de mis primos no puedo correr, quedan muy lejanos los días aquellos en los que quise tocar el sol desde lo más alto, es un sueño dormido, pero aún está. Por momentos nadie me vigila, poco a poco me empujo con mis manos y veo que puedo arrastrarme hasta lejos, por fin llego al pie de la escalera de la casa del abuelo, aquella que tanto deseo subir. Con la fuerza de mis manos cojo impulso y después de varios intentos consigo subir el primer escalón, las manos duelen pero sigo, segundo, tercero…así hasta siete:
- - Esa niña, por Dios, que se cae…..-es la voz de mi tía, presurosa me coge en sus brazos. Yo impotente lloro, grito, golpeo.
- - Quiero tocar el sol!
Con ocho años voy a la escuela, han sido años de operaciones y hospitales, me prometieron que iba a ponerme buena, que caminaría, pero no fue así. Mi madre me sube en brazos cada día hasta el primer piso de la escuela, cuidadosamente me sienta ante el pupitre y en este deja mi maleta. No regresara a buscarme hasta el mediodía, de allí no podré moverme hasta que ella vuelva. A las once, hora del recreo, mis amigas y compañeras bajan al patio para jugar, yo estiro mi cuello hasta la ventana y observo sus juegos, me siento triste pero solo espero.
Diez años, me han dicho que por fin podré caminar, hay unos enormes aparatos de hierro con tiras de cuero donde ponen mis piernas delgadas un fuerte corsé aguanta mi cuerpo, mis brazos se cogen a unos pequeños bastones…y aprendo a caminar y caigo y me levantan y vuelvo a caer pero no lloro sé que si soy valiente lo lograre.
Tengo diez años y medio, a pesar de lo pesado de mis aparatos puedo mover mis piernas y me empujo con los bastones, por fin! Me encuentro a los pies de la escalera de la casa del abuelo, en lo más alto puedo ver el sol. Con la fuerza de los bastones puedo ir impulsando mi cuerpo, mis piernas me arrastran: ahora la derecha, ahora la izquierda….poco a poco y lo consigo, estoy arriba!.
Desde lo alto el sol me observa, yo sonriendo voy siguiendo su dibujo con los dedos, cierro mis ojos y siento un calor profundo por mi cara, porque aunque nadie me crea solo yo sé que por fin he podido tocar el sol.


