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domingo, 23 de febrero de 2020

Hace algo más de un mes, el grupo de facebook CREACIÓN LITERARIA organizo su torneo de aniversario, yo aunque llevo poco tiempo en dicho grupo, siempre que puedo me sumo ya que el hecho de participar en este tipo de retos me hacen esforzarme y escribir de forma más pautada, también, porque no decirlo, me encantan los retos. Participé durante seis días, cada día con una propuesta diferente. No llegué a la final, la cual tuve el orgullo que la ganará mi amiga Merche Blázquez. Hoy comparto aquí en mi blog mis aportaciones y el relato final y más votado....


Los participantes deberán realizar un microcuento en 30 palabras o menos. El texto deberá tratar sobre un gato (animal).

DESPERTAR GATUNO
Son cojines suaves que acarician mi cara, ronroneo difuso que se acerca hacia mí. Y yo aprieto mis ojos simulando ese sueño, que tú de madrugada no me dejas dormir.



Para este reto realizarán una historia sobre una mosca en la sopa. El texto deberá incluir la palabra mosca en el título y 50 palabras exactas (el título no cuenta en las 50 palabras).
FRÍO EN LA CALLE
Atraviesa atolondrada la puerta del restaurante. Hoy el frío arrecia por eso pasó de largo por la heladería. Se acomoda en una mesa resiguiendo con interés las propuestas culinarias. El golpe certero del camarero la pilla desprevenida, quedando su cuerpo indolente aplastado sobre la propuesta: sopa de fideos con albóndigas


Para este reto realizarán una historia sobre un deporte. El texto deberá describir un juego extraordinario o competencia, algo digno del recuerdo. En 100 palabras o menos (el título no cuenta en las 100 palabras).

CICLISMO TUBULAR
Aprendió a pedalear al mismo tiempo que daba sus primeros pasos, antes de cumplir los tres ya corría sin las ruedecillas. Con ocho, le llego de manos de su padre su primera bicicleta de competición. Adoraba las tardes estivales en las que junto a su padre y entrenador recorrían las carreteras circundantes. Con doce empezó a competir. A veces una pájara no le dejaba seguir, pero él se esforzaba aún más por ver a su llegada la paternal cara sonriente. Nunca gano una carrera, pero lo mejor de su infancia fueron esas horas de entrenamientos exhaustivos, tan cercano al padre.


Para este reto realizarán una historia que se desarrolle en una iglesia, parroquia, templo, capilla, etc. No importa que religión sea, la historia debe suceder en el lugar donde se llevan acabo los ritos. El texto deberá describir un acontecimiento importante: asesinato, robo, fraude, milagro, algo sobrenatural, etc, lo que ustedes quieran, pero que sea extraordinario. En 200 palabras exactas (el título no cuenta en las 200 palabras).
CUMPLEAÑOS EN LA IGLESIA
Doña Chencha cual criatura feliz ríe, y aplaude. Ante ella un enorme pastel con cien velas, su sueño de llegar a centenaria está a punto de cumplirse. Aunque a veces la fatal casualidad pisotea los deseos y así es como antes de soplar las velas, Chenchita como la llaman cariñosamente cae fulminada.
De cumpleaños a velatorio, como quien no quiere la cosa y todo el pueblo que va a la iglesia a rendirle su último homenaje. En medio de la homilía de despedida unos golpecitos y una voz tenue surgen del ataúd:
--¡Eh! ¿Quién se ha llevado mi pastel? —
Rápidamente abren la caja y Doña Chencha sin atisbo de sorpresa sigue reclamando su pastel. Presta una nieta va a la cocina de la casa, lleva el pastel y las velas a la iglesia y todos celebran en el templo la fiesta de cumpleaños de la ahora centenaria.
Después del festejo Chenchita se queja de sueño, se estira en el ataúd y ahora sí se muere. Cinco muertes más preceden a Chencha y una intoxicación general y es que con las prisas nadie ha pensado en los tres días que el pastel estuvo fuera de la nevera a cuarenta grados.




Para este reto realizarán una historia sobre una guitarra. No importa que sea una guitarra eléctrica o acústica. La historia debe mencionar una canción. El título debe incluir la palabra guitarra. En 250 palabras o menos (el título no cuenta en las 250 palabras).
GUITARRA CON DUENDE
Era aún un chiquillo cuando el toque de su guitarra hacía jalear a los vecinos del patio, entre jazmines i azahar dominaba cada palo.
--Ezte niño tiene duende—decían los gitanos de Santa Cruz. Y es que Paco había mamado fandangos y bulerías, llegando al éxtasis cuando su padre cantaba. El mejor cantaor de cante jondo y la mejor bailaora no podían parir otra cosa que al mejor guitarrista de flamenco.
Los entendidos dicen, que cuando un artista se despoja de sus ataduras, alcanza tal estado de gracia que hace que los espectadores lloren, se muerdan, se rasguen las vestiduras y tiren las sillas. Ese es el duende, la quintaesencia del flamenco. Un duende que recorría a Paco de arriba abajo, algo que no se aprende, sino que se vive y se lleva en los genes.
Sabía, como nadie tocar los picados, marcando el ritmo al cantaor de turno, el día que Camarón se cruzó en su camino, nacía lo mejorcito del flamenco. Guitarra que navega entre dos aguas, que mira tus ojos como estrellas. ¿Qué sería del flamenco sin tu toque?
Pero la casi perfección del toque se da cuando Paco como genio, fusiona el jazz con la guitarra, o el rock o lo que se ponga en medio. Hace años que la guitarra llora la ausencia del artista que se fue para siempre, nostalgia de unas manos capaces de alzar púa justo en el instante preciso, de hacer llorar al público, de hacer que surja el duende.




Para este reto realizarán una historia sobre una taza de café. Puede ser cualquier tipo de café: capuchino, americano, irlandés, etc. La historia debe incluir a una mujer atractiva, sin importar la edad, pero no puede ser la protagonista. En 300 palabras o menos (el título no cuenta en las 300 palabras).

SOLO, NEGRO Y AMARGO
Como cada mediodía después de comer se dirigió al antiguo bar del barrio, le pesaba esa soledad acuciante, desde que ella se fue nunca fue lo mismo. No soportaba las tardes largas y vacías posteriores a su temprana jubilación. ¡Habían planeado juntos tantas cosas! Tantos viajes pendientes que los largos horarios de trabajo nunca permitieron…
--Un café—dijo.
--¿Cómo siempre? –pregunto sin dilación Pascual, el camarero.
--Solo, negro y bien amargo, ya lo sabes de siempre…
De siempre no, porque antes de que ella se fuera compartía con ella su buen gusto por un buen capuchino italiano, claro que tampoco se conformaban con el bareto del barrio. Solían desplazarse hacia el centro, al barrio pijo como decía el para hacerla enfadar un poquito. Alguna tarde, como buenos amantes de lo dulce, elegían una chocolatería y daban buena cuenta de una taza humeante de chocolate caliente con porras. Pero eso era antes, hacía ya tanto tiempo…
Perdido en sus recuerdos, no se había fijado en la escultural mujer que tomaba un cortado en la mesa de enfrente. Era una morenaza de cuidado, que vestía una blusa ajustada con dos botones estratégicamente desabotonados. Miro hacia abajo, buscando las piernas y se encontró con unas medias negras que envolvían unas piernas como a él le gustaban. Largas, imponentes, pero no demasiado flacas. La miro por unos instantes. ¡Ay! Si se hubiera cruzado con ella unos años antes…pensó…Inmediatamente se centró en la taza humeante de café, solo en aquel bar sabían hacer el café justo como a él le gustaba: Negro intenso, solo, sin un grano de azúcar. Ese era el castigo justo para alguien que como él había engañado a la mujer de su vida constantemente. Desde que ella se fue pena con su soledad.



Para este reto realizarán una historia sobre un animal que viva en la calle, pero que sea conocido y cuidado por todos los vecinos. El título debe ser el nombre del animal. La historia debe incluir un acontecimiento importante en la colonia, calle o barrio donde se sitúe la historia. Mínimo 300 palabras, no hay un máximo.


MORO – MERCHE BLÁZQUEZ  (GANADORA DEL TORNEO)
Moro era un perro labrador negro, por su color lo habían bautizado así, aunque podrían haberlo llamado diamante también, porque su brillo era cegador.
Moro había tenido dueño, pero tuvo que marcharse de la ciudad y no pudo llevarlo consigo. Lo dejó en la calle, en mi calle, una calle sin asfaltar, con una enorme explanada al otro lado de la carretera, donde había columpios y montículos de tierra que hacían las delicias de los afortunados que tenían una bici, y en la que pasé muchas horas aquel verano en que Moro quedó a merced de los vecinos.
A pesar de haberse convertido en un perro callejero, Moro no tenía aspecto de estar abandonado ni hambriento. Los vecinos bajaban paquetes con sobras de comida, especialmente pollo o arroz, y debido a su bondad y nobleza, nadie temía acercarse a él, a pesar de que, a mis diez años, me llegaba casi a la altura del pecho.
Tampoco le faltaba aseo. Jamás se le vio una pulga o una garrapata invadiendo su precioso pelaje. Tal vez era gracias al agua de mar. Los chicos de la pandilla solían ir a la playa en bici, a unos ocho kilómetros, y Moro les seguía y se bañaba con ellos. Volvía bien cansado de correr y se tumbaba a la sombra. Solo perturbaba su descanso la percepción de que algún gato andaba cerca, o el aviso bromista con que los chicos le provocaban para ver cómo despertaba de un brinco: «¡Moro, gato!»
El verano acabó. Los vecinos reivindicaron al ayuntamiento el saneamiento de la calle. Se asfaltó la calzada, la explanada se convirtió en parque, y se construyeron aceras enormes donde los bares instalaban sus terrazas. No sé si fue la urbanización de la zona o que se nos pasó la edad de jugar en la calle, pero cuando quise darme cuenta, Moro no estaba. No sé si murió, si se lo llevaron a la perrera o si alguien lo adoptó; lo que sí sé es que Moro nunca más fue tan feliz como aquel verano que vivió en la calle.




miércoles, 19 de febrero de 2020


CONVOCATORIA JUEVERA PARA EL JUEVES 20 DE FEBRERO, DESDE SU BLOG ¿Y QUE TE CUENTO? EL AMIGO JUAN CARLOS NOS INVITA A HABLAR DE VIDEOVIGILANCIA Y SEGURIDAD PRIVADA.

DEL PANÓPTICO DE BENTHAM A LAS CÁMARAS DE SEGURIDAD



Ante la propuesta de Juan Carlos, no puedo menos que evitar sacar a relucir mi lado de criminóloga. No sé si es que como dijo uno de mis profesores esto de ser criminóloga es un camino entre muchas opciones, una postura ante la vida. Intentaré no enrollarme e intentar buscar el lado interesante e incluso divertido.

Entre las diferentes teorías criminológicas, nos encontramos con la escuela clásica, esta teoría que se remonta en el tiempo a todas las posteriores, es la que en sus planteamientos más actuales, da lugar entre otras cosas, a la proliferación de cámaras de seguridad que nos controlan cada día. Como digo, a posteriori ha habido teorías más interesantes (al menos para mí). Teorías que se basan sobre todo en la prevención del delito a través de un trabajo centrado en las personas (causas, tipos de delincuentes, etiquetamientos…) por causas que son fáciles de vislumbrar, se ha optado por lo que diríamos prevención situacional, o dicho, en otros términos: formas de control disuasorias pero que a la vez tienen una doble función de control social.

Ya a mediados de 1700, William Bentham invento el Panóptico, un sistema de control carcelario, el cual permitía que, desde una torre central estratégicamente situada, el guardia de la prisión dominará todo lo que allí se cocía. Al final, el efecto disuasorio no se producía por la torre central en sí, sino y más bien por la sensación del preso de ser vigilado constantemente. Esa sensación de control constante, cambia actitudes y movimientos, es mayor el miedo que provoca que el artilugio en sí.
Años después, Foucault escribió largo y tendido sobre el efecto panóptico como un mecanismo de poder, ese ojo que nadie ve pero que todos saben que existe. Ese control que estipula un dominio constante de los que gobiernan hacia los que son gobernados. El panoptismo llegó para quedarse y aquí lo tenemos.

Desde Bentham, ha llovido mucho, pero si echamos un ojo al diseño de colegios, fábricas y hospitales, nos encontramos con el efecto panóptico ya instaurado y asimilado como la mejor forma de funcionar. Así, el empresario, encontró la forma ideal para controlar a sus empleados, el maestro a sus alumnos…el diseño era fácil: un lugar central desde el cual se controlaba el resto de pasillos.
Y llegamos a esas cámaras de seguridad que nos persiguen por doquier, nunca los humanos hubieran imaginado tal mecanismo de control y que encima los estemos pidiendo e exigiendo. El panoptismo, como digo vino para quedarse y las cámaras de seguridad son solo un pequeño ejemplo. El panoptismo abarca cada uno de los ámbitos de nuestras vidas, de una forma sutil o no tanto. Son formas de hacer y de ver que nos engullen y que las vivimos como algo de lo más normal.

Caminamos, por donde otros decidieron que lo hagamos, aprovechamos nuestros espacios de ocio para acudir masivamente a zonas comerciales diseñadas con el propósito de tener controlados hasta el más pequeño de nuestros hábitos. Son pocas las personas que no sucumben a este tipo de propuestas. Vemos, lo que todos van a ver. Escuchamos, lo que todos escuchan. Estamos controlados por unos medios de comunicación dominados por el poder los cuales incluso nos enseñan como pensar y lo más triste de todo es que parece no haber rebelión posible.

Porque aquello, que empezó como una medida de control penitenciario, ha llegado a formar parte de nuestras vidas. A ser algo demandado masivamente. Lo triste de todo esto es que en aras de lo que creemos un nivel alto de seguridad estamos perdiendo nuestra esencia humana. Pero sobre todo estamos perdiendo nuestra libertad.


El panóptico en la antigua prisión de La Modelo en Barcelona.

Ironías de la vida....



domingo, 16 de febrero de 2020



LUNA DE QUESO

Tía Palmira, a quien yo conocí con un nombre diferente, era más de rezos que de cuentos. Solo hizo una excepción conmigo. Nunca supe si se trató de un cuento inventado por ella o si era un cuento de tradición oral...
--Érase una vez una niña...
--¿Cómo yo tita?--
--No seas impaciente... Pues bien esa niña se llamaba Manzanita, porque tenía la cara redonda como una manzana...
--Tita explica lo del queso...--
--Tranquila Ana, cada cosa a su tiempo...Pues resulta que Manzanita cada día iba al mercado a vender quesos de oveja de los que hacía su mamá. Pero un día se hizo tarde y le quedó un queso por vender...
--Y ¿Porque no se lo comió?--
--Niña deja que continúe...No, no se lo comió, como tenía prisa en llegar a casa y su casa estaba abajo del mercado, pues puso el queso cuesta abajo y lo hecho  a rodar...
--Y el queso rueda, que rueda hasta que...
--No se porque me pides que te lo explique, si ya te lo sabes de memoria.--
--Tita sigue, te prometo que no diré ni mu...
--El queso rodó y rodó, hasta que lo perdió de vista. Se pasó horas buscándolo hasta que se hizo de noche. "Manzanita--dijo su mama--¿Has vendido todos los quesos?. Todos menos uno que lo perdí, dijo Manzanita...
--Y entonces la mamá hizo que Manzanita mirara al cielo y allí lo encontró. Redondo, magnífico, resplandeciente...
--Y eso que no ibas a decir ni mu, anda que otro día te lo explico...
Y así es como aún hoy cuando miro al cielo de noche tengo dudas ¿Es la luna esa enorme bola brillante o será el queso de Manzanita?

martes, 11 de febrero de 2020



NOSTALGIA


Fue, el roce tenue de su mano bajo el pupitre. Él, solo seguía el baile acompasado de sus rizos oscuros. No fue capaz de mirarla a los ojos ¿Cómo iba ha hacerlo? ?¿Como evadirse de aquella caricia furtiva? ¿Cómo dejar pasar la intensidad del momento?  Con doce años, la intensidad de un roce, te lleva a volar hasta el cielo. La amo justo a partir de ese instante, por siempre, para siempre. Soñó miles de veces que entrecruzaban sus manos, caminando por la vereda del pueblo. Que subían en silencio hacia El Espino y que allí frente a la Virgen le juraba amor eterno, que de vuelta hacia su casa, él le estampaba un beso. Pero la vida sigue su curso y en eso del amor ellas suelen ser caprichosas. No estaba escrito y no fue, cada uno siguió su camino con otros quereres.
Setenta años después, se encuentran cada atardecer en la penumbra del parque. El suyo es un amor prohibido porque cuando mandan los hijos es peor que cuando lo hacían los padres. El roce tenue en las pieles hambrientas de caricias, es mucho más intenso. Ahora sí se cogen de la mano y de vez en cuando sienten la calidez de un beso. Él sexo ya les pasó de largo, es igual, prefieren vivir en la nostalgia de aquellos doce años.

miércoles, 29 de enero de 2020


CONVOCATORIA JUEVERA PARA EL JUEVES 30 DE ENERO, LA AMIGA MONICA DESDE SU BLOG NEOGEMINIS, NOS OFRECE DIFERENTES TÍTULOS DE LIBROS PARA INSPIRARNOS


LA LUCIDEZ DE LOS LOCOS

Lo sabía, no se puede conducir con prisas en noche cerrada y lloviendo. Pero mi cansancio, mis ganas de llegar a casa y desconectar de un trabajo monótono y vacío...ya sé que no hay justificación que valga y ahora tendré que pagar.

Era el loco de mi pequeña ciudad, era por todos conocido. El que siempre y en el momento justo era capaz de decir lo que nadie hubiera osado. El que cuando se cruzaba con cualquier mandatario, le cantaba las cuarenta, así sin más. El que con su entrada al bar, hacía temblar a más de uno porque en esas cosas que dicen que tienen los locos, era capaz de decir verdades como templos. El que hacía reír a Paquita en sus días oscuros contándole cualquier chascarrillo con doble filo. El que se dejaba perseguir por los niños en las noches estivales. El que indujo la creación de juegos en los que el alma latente era el: el loco.

No lo vi, solo pasó ante mis ojos una especie de sombra, que salía de la maleza. Sabía de su afición a recorrer el bosque, en las noches de lluvia y de cómo en un sin sentido a veces asomaba su rostro por la carretera. Lo tenía que haber previsto, porque el cuerdo era yo y no él.

Murió en el acto, de las veinte mil posibilidades, siempre creemos que la muerte es la más improbable, nunca jugamos con la certeza de que la muerte forma parte de la vida y que como tal nos está rondando continuamente. La suerte estaba echada y yo era consciente de las consecuencias. No habría clemencia para mí ya que cada ciudad necesita a su loco.

--Él era el loco de la ciudad—me dijeron varias voces al unísono—tú lo has matado. Lo tienes que sustituir a partir de ahora mismo.

Ahora soy yo el loco de mi pequeña ciudad, soy el que enreda a los niños para hacerlos reír. Soy el que conoce todos los entresijos de la gente, sus locuras, sus actos deleznables, porque sabiéndome loco todo me lo explican a mi.



Relato inspirado por la canción de SOPA DE CABRA: El boig de la ciutat (El loco de la ciudad)


martes, 21 de enero de 2020


CONVOCATORIA JUEVERA PARA EL JUEVES 23 DE ENERO, A AMIGA MONTSE RUIZ DESDE SU BLOG LA BITÁCORA DEL MAR NOS INVITA A ESCRIBIR...

¿QUE TENGO EN EL BOLSILLO?



EL PAQUETE DE CHICLES

La cita era a las diecisiete treinta de un lunes frío, y aunque llevaba días preparándome con esmero, no podía evitar ese halo de angustia e inseguridad que según se acercaba el momento me iba poseyendo. Sabía que un día u otro pasaría, que era posible que no lo resistiera, que yo era demasiado sensible, pero si mis compañeros podían ¿Por qué yo no? Así fue como ante la propuesta del profesor de medicina legal y forense yo fui de las primeras que se apuntó.

Era un privilegio que aquellos estudiantes más implicados en la asignatura, pudiéramos asistir como espectadores a nuestra primera autopsia. Una oportunidad única que podía no darse más en mucho tiempo ya que nos encontrábamos ante un caso de muerte violenta y en una capital pequeña como Girona era este si más no un caso excepcional.

Lo poco que sabíamos del hombre a quien iban a practicar la autopsia, era que se había suicidado tirándose en picado desde la montaña del Far, en caída un total de casi 1.200 metros. El panorama de lo íbamos a encontrarnos era para pensárselo, pero a pesar de todo me dije que ya no había marcha atrás.

De mi entrada en el Anatómico Forense, el recuerdo que aún me impacta es el del olor: una mezcla de desinfectante fuerte y de quirófano de hospital. Nos facilitaron batas de esas de usar y tirar, cobradores para los zapatos, mascarillas, gorros y una botellita de plástico con un líquido de olor fuerte. –Tendréis que ponerlo en las mascarillas cuando se abra el cadáver- nos dijeron. – El olor suele ser insoportable—Añadió una ayudante muy joven.
Soporté bien cuando sacaron los restos de lo que antes había sido un ser lleno de vida, fui capaz de mirar un rostro inexistente, mientras el profesor y médico forense nos iba hablando del rigus mortem que aún se mantenía gracias al frío de la nevera. Intenté observando aquel cuerpo de forma indefinida, imaginarme sus motivos, aunque en el fondo lo que intentaba encontrar era algún atisbo humano que parecía haberse diluido en aquel espacio aséptico, pero sobre todo en aquel cuerpo destrozado que aún conservaba unas ropas de buena calidad.

--Procedamos—dijo el profesor—para eso primero tenemos que buscar indicios en sus ropas, no sea que en el levantamiento del cadáver se les haya pasado alguna cosa por alto…

Me derrumbé justo cuando tras mirar en los bolsillos sacó un paquete de chicles justo de la misma marca que yo solía comprar. Lo llevaba en el bolsillo izquierdo del anorak, tal y como yo solía llevarlo. En ese momento la estancia se llenó de un inmenso olor a menta, de ese instante solo recuerdo salir llorando. ¿Cómo fue posible que un simple paquete de chicles me hiciera ver a la persona de golpe?

No quise presenciar la obertura del cuerpo y según mis compañeros me perdí cosas fantásticas. Solo sé que por un instante sentí la tristeza de un alma antes humana deambulando. Y aunque me licencié como criminóloga nunca he asistido a una autopsia.

viernes, 17 de enero de 2020

CONVOCATORIA JUEVERA PARA EL JUEVES 16 DE ENERO. ESTA SEMANA LA AMIGA DOROTEA DESDE SU BLOC LAZOS Y RAICES NOS INVITA A COMENZAR EL AÑO NON HUMOR....

ESTA SEMANA MI ENTRADA ES UN RELATO DE MI COMPAÑERO JOSUÉ CATASUS, QUIEN CON ESTE RELATO GANO POR MERITO PROPIO EL TORNEO SOBRE HUMOR EN EL GRUPO CREACIÓN LITERARIA. AUNQUE YO NO HE ESTADO MUY INSPIRADA ESTE RELATO ME PARECE GENIAL PARA LA PROPUESTA DE ESTA SEMANA....


LA INCURSIÓN


De pronto se encendió la luz y el pánico lo bañó de pies a cabeza. En el umbral, la mano derecha todavía sobre el interruptor, la vecina Eurídice lo miraba con sorpresa.
—¡Perico! — Exclamó, apenada —Qué tal frescura la tuya de meterte a robar mi casa.
Perico, aturdido por el espanto, tratando de dominar el castañeteo de sus dientes, intentó sacar pecho y pararse como un hombre ante lo inevitable.
—Me disculpa, vecina. Pensé que regresaba mañana de Cajamarca. Eso me dijeron los desgraciados del Enano y el gordo Tobi. Pendejos— tragó saliva y se alisó los sudados cabellos lacios.
Un perro ladró en el patio de atrás. Un bocinazo cercano hirió la medianoche. En alguna parte se rompió el vidrio de una ventana. El zumbido de un zancudo explotó en su tímpano como un rayo. Carajo, solo un minuto atrás el mundo era silencioso.
Doña Eurídice llevaba puesto un camisón raído, que alguna vez fue rosado, con hilachas y agujeros ostensibles que dejaban ver un hombro huesudo, una cicatriz en el ombligo, el atisbo de un enorme pecho caído. Tenía una especie de cucurucho de tela sobre las greñas, con una borla de lana inmóvil coronándola. Las gafas de culo de botella cabalgaban sobre su afilada nariz, al lado de la enorme verruga, y en el súbito destello del foco incandescente sus ojos parecieron del color del flan de leche. Tenía la boca tan abierta, que un hilo de baba se deslizaba inexorable hacia el piso helado de porcelanato hasta que lo notó y se limpió la boca con la manga izquierda. Fue cuando Perico se convenció que su dentadura había desaparecido: seguramente, imaginó, estaba metida en un vaso con agua al lado de su cama. El solamente quería llevarse el televisor LED que sabía que estaba en medio de la habitación. La final de la Libertadores era el sábado.
—Le juro que yo no quería, vecina. Ese par me convenció. Yo no soy ladrón—argumentó atropelladamente, bien aferrado al televisor que estuvo a punto de llevarse.
La vieja desdentada lo miró con lástima de pies a cabeza.
—Sí que lo eres, Perico. Una persona es como es, y debe de asumirlo— Suavizó la severidad de su rostro brilloso, embadurnado de menjurjes y emplastos para retrasar el envejecimiento ineluctable de la piel, y le dedicó una terrorífica sonrisa desmuelada: —Yo, por ejemplo, soy ninfómana.
—¿Que es qué? — Se rascó la cabeza Perico.
—Deja, te explico.
Se lo explicó concienzudamente el resto de la noche. Seis veces. Para que no olvidara el significado el resto de su vida.
Al clarear, con el canto de los primeros gallos, doña Eurídice soltó a su presa, apenas satisfecha. Perico, tambaleándose como un borracho, sintiéndose molido a palos, se deslizó hacia la salida con los brazos extendidos hacia adelante, juntando toda la respiración que todavía le quedaba dentro.
—Si quieres, ven a robarme de nuevo el viernes, Periquito— oyó la cascada voz a sus espaldas, flotando en el aire de la madrugada.
“Espera sentada, momia”, pensó Perico, imaginando dónde vería la final de la Libertadores.
Josué Catasus.