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lunes, 6 de abril de 2020

AULA DE ESCRITURA DE GIRONA
PROFESOR: JOAQUIM MIRALLES

6- TEXTO Y METATEXTO



Nuegados



INGREDIENTES: 18 huevos, 1,5 Kl de miel, 3 Kl de harina, vinagre, aceite de oliva.

Los días del invierno crudo parecían haber llegado a su fin y aunque ya se había iniciado la primavera había días aun en los que el frío se hacía notar, el paso fronterizo se iniciaba con la semana santa, con sus procesiones de las que ya conocía cada uno de sus pasos, con toda la familia en la calle siguiendo el vaivén de los nazarenos y con el abuelo que año tras año se negaba a seguir un ritual en el que no creía. Pero días antes de que esto ocurriera estaban los nuégados y su dulce ritual.

PREPARACIÓN:Se utilizara como medida las medias cascaras de un huevo. Se baten los huevos y se les va añadiendo 18 medidas de aceite (frito previamente), se añaden 8 medidas de vinagre y se sigue batiendo, se va añadiendo la harina poco a poco hasta que quede una masa consistente que se pueda modelar con las manos.

Desde donde mi memoria alcanza, llega la imagen de mi madre trajinando en la cocina junto a Catalina, nuestra vecina más entrañable, la gavilla de sarmientos encendidos, calentaban una enorme sartén con aceite y yo saliendo y entrando, hasta el momento en que la masa estaba hecha. Entonces, justo en ese momento, era cuando los más pequeños podíamos participar amasando con nuestras manos y observando las tiras de la masa que surgían cual milagro.

Se van haciendo unas tiras largas con la masa (tiras como churros) y se ponen extendidas en la mesa sobre un mantel limpio para que reposen y queden resecas por fuera.

Según me explicaba mi madre, durante los días anteriores al jueves santo no se podía cocinar, de ahí que, en días sucesivos, quedaran perfectamente colocados en la cocina platos con tortillas de patatas, bacalao frito, torrijas y los nuégados que en las casas de Membrilla nunca podían faltar.

Poner bastante aceite en una olla a calentar, se van cortando las tiras de la masa en trozos pequeños y se ponen a freír (con cuidado porque el aceite tiende a rebosar), se van friendo por tandas y con cuidado que no se quemen o que queden poco fritos.

Me encantaban las bolitas aun calientes y vigilando los movimientos de mi madre las cogía presurosa de la fuente, las ponía en mi boca sin soltar ni una queja, aunque mi lengua se quemara.

Una vez sacados del fuego se pone medio kilo de miel a calentar en una sartén grande, se calienta hasta que esta quede en punto de caramelo (esto se comprueba tirando unas gotas de miel en un vaso con agua, cuando se solidifica ya está a punto de caramelo). En ese momento se van tirando los trozos fritos de la masa y se van mezclando con la miel, una vez hecha la mezcla se va emplatando en forma de rosca, mojándote los dedos para no quemarte.

Durante días iba cogiendo trocitos de la rosca, lo mejor era aquella miel que quedaba enganchada en el plato y que una vez en la boca casi se enganchaba en los dientes, cerraba los ojos sintiéndola derretirse en mi boca. Aun hoy no sé porque eran mucho más buenos los nuégados robados que aquellos que mi madre me permitía comer.
AULA DE ESCRITURA DE GIRONA
PROFESOR: JOAQUIM NOGUERÓ

5- RETRATO DE UN PERSONAJE


ONA

Durant setmanes vas estar remugant, això ja és normal,  als adolescents el que se us dona millor és el art de la protesta i més quan es belluguen idees noves pel cap. Catorze anys ja i sempre rondines amb aquest desig inútil d’arribar als divuit. Si, ja se que t’ho he dit un mon de vegades però la gent grans tenim el vici de tornar-ho a repetir tot. Que no saps que la llibertat de fer allò que et passa pel nas va lligat a una emancipació econòmica? I tant que ho saps! Ets prou llesta per això i per més, però abans morir en l’intent que rendir-te i més, quan hi ha la més mínima possibilitat de sortir-te amb la teva.
Et vaig veure amb aquelles enormes arracades rodones, per fi les havies aconseguit malgrat la prohibició expressa del teu pare. Les ungles postisses d’un vermell radiant feien el joc d’una noia que semblava molt més gran.

--Ara si sembles una choni---et vaig dir
--Pero una choni feliz—va ser la teva resposta mostrant-me el teu somriure encisador. Perquè mira que arribes a ser guapa! Això si, jo com totes les iaies et veig molt més bonica sense maquillatge, sobre tot quan et passes de dosis de rímel, amb aquella ratlla en vertical que et puja gairebé fins al començament de les celles. I jo que mai vaig aprendre a maquillar-me! Goita tu que ho fas amb tanta gracia, i és que en aquestes coses del disseny personal en saps un mon.
La de dies que t’he vist davant del mòbil gravant posis al compàs d’aquella barreja de musica llatina de la que no soc capaç ni de recordar el nom. Gestos descarats i altres furtius amb un contingut de vegades sensual i que tu copiaves amb innocència sense saber-te avenir del perquè la teva mare no t’ho deixava penjar en Instagram.
--Es que os pensais que to lo malo me tiene que pasar a mi...—ens dius sempre que et volem donar algun consell d’aquells que tu vius com a una forma de coartar la teva llibertat. Perquè la forma de comunicar-te també a passat a ser el castellà de les chonis, però ho fas amb tanta desimboltura  que sembla que sempre hagis parlat així.

Sempre que escolto aquella frase de: quan tu vas jo ja torno... sento que és una cosa impossible d’aplicar a tu. Coneixes ben a fons els nostres punts febles i sempre tens una resposta per tot. La teva habilitat per respondre a qualsevol qüestió és immensa, és con si el meu cervell s’anés arrelentint  perquè abans d’acabar de pensar en el que tinc que respondre tu ja has dit la teva. Intel·ligent: molt. Brillant en el teu vocabulari el qual ja dominaves quasi a la perfecció abans de complir els dos anys. I ara en tens catorze així que les teves respostes venen disparades com a fletxes. Cony si és que saps dir amb refinament fins i tot les paraules més ordinàries. La de vegades que t’he tingut que dir verdulaire, quan se t’escapen com si res les frases més barroeres.

Quan abans de néixer, els teus pares vam decidir posar-te Ona per nom, no sabien el que els venia a sobre! Perquè d’aquella nena rosa, primeta, petita i ploramiques  ens queda ben poca cosa, el teu cos amb corbes (ja t’ho he dit moltes vegades: les dones de veritat tenen corbes com les guitarres...) et fan lluir, com a poques, tan uns pantalons curts esfilagarsats acompanyats d’un top que et deixa panxa i espatlles a l’aire, com el més bonic vestit de nit. I és que tens un encant innat nina. Amb els cabells rosos i els ulls d’un negre intens mostres la fusió de una gran quantitat de nacionalitats (és clar que sobresurt la de aquell avi llunya que va arribar de Cuba...).

Doncs com deia, que ja saps que quan em poso a parlar em perdo... Ona és el nom que més t’escau, sobre tot quan t’emprenyes i se’t veu enfurismada qual tempesta d’ultra mar. Malgrat que a mi m’agrada més la mar en calma, assossegada, tranquil·la...com aquelles nits que dormint juntes, explicant-nos les nostres coses i els nostres secrets.
 

AULA DE ESCRITURA GIRONA
PROFESOR: JOAQUIM NOGUERÓ

4- RELATO AUTONOMO


Tres estaciones, tres viajes


 INVIERNO 1928

En la quietud de la noche, escuchó el llanto de madre. Alba estaba sumida en una especie de duermevela y le pareció extraño que alguien tan fuerte y tan dura fuera capaz de llorar. Por el mañana temprano, padre vino a su habitación a verla ya que por ser la mayor solía compartir con ella casi todo lo que acontecía en la familia.
 --Roció se nos muere – lo dijo en un sollozo- nuestra pequeña rubia se nos muere…
Alba sabia del dolor de esa sentencia, no podía recordar el momento en el que su madre, la de verdad, se había ido para siempre, era tan pequeña que no podía recordar su cara, ni una fotografía dejó. De ahí venían ahora las prisas de padre.
      --Levántate que nos vamos anca el fotógrafo a Manzanares, sino pasará como con tu madre que nos olvidaremos de ella….
Llevaban más de una semana lidiando con la tosferina, aquella maldita tos que se les había metido a todos en el cerebro, aquellos momentos en los que la  pequeña parecía a punto de ahogarse y después se rehacía toda en lágrimas. Ni un instante de tranquilidad, ¿Cómo podía un cuerpo tan pequeño aguantar tanto? Pero aquella noche don Pedro el medico del pueblo había dado su diagnóstico.
--No hay nada que hacer, si no es esta noche será mañana, pero esta niña se muere.

De Membrilla a Manzanares hay cuatro kilómetros, Alba con ocho años conoce cada recodo, cada piedra, cada casa perdida en medio de un camino incluso en los días de niebla.
Se viste eligiendo la falda lisa de cuadros y el jersey rosa regalo de su abuela, enfunda sus delgadas piernas en unas medias de lana que le bailan, deja a un lado las alpargatas y se coloca los zapatos de invierno, como último toque el abrigo de paño marrón, hace un frio intenso. Antes de salir se coloca un pequeño prendedor en el pelo. No quiere más riñas de madre por llevar el pelo tapándole los ojos.
Padre aparece con la pequeña llorosa en brazos, justo hace dos días que acaba de cumplir los dos años. Madre no puede venir no tiene con quien dejar a los dos medianos ni a la más pequeña a quien tiene que amamantar.

Una vez en el carro, Alba aprieta a Roció contra su pecho, la fiebre que la envuelve parece no dar honor a su nombre, rocío como la escarcha que cubre los campos de la estepa. Pero la pequeña esta cálida apretando su cuerpo al de su hermana y apretujadas ambas al calor de la manta de algodón que las cubre.
Anca el fotógrafo el rostro de Rocío cambia, es más fuerte la curiosidad ante tan extraño artilugio capaz de recoger y reproducir las imágenes. La pequeña es tan chiquita que intentan ponerla de pie en una silla, pero la debilidad de las últimas fiebres impide que pueda aguantarse sola, Alba sale en su auxilio.
-- Ya la aguanto yo por detrás….
--No es necesario – dice padre – déjala que se apoye en ti así en la foto de recuerdo estará a tu lado.

Rocío no duda un instante en apoyarse en el hombro de su hermana, con su rostro tímido mira al fotógrafo, Alba apenas esboza una sonrisa en el instante en que la ráfaga de luz llena la estancia.
Durante el camino de regreso se mantienen las dos escondidas bajo la manta, se inicia un viaje de juegos en el que la muerte parece quedar atrás. Cuando llegan a casa.la fiebre ya no existe, una semana después, cuando padre va a recoger la fotografía anca el fotógrafo Rocío ya corre por el patio persiguiendo a su hermana mayor. En contra del pronóstico del médico la tosferina se ha ido sin dejar secuelas.
Nunca en la casa se supo que nexo de unión se creó entre las dos niñas las cuales con seis años de diferencia en edad se volvieron inseparables, una amistad que las uniría de por vida.




VERANO 1940
Al principio intentó pasar desapercibida arrebujada en el pequeño banco de madera, era una niña más entre tantos niños que vagaban perdidos por las estaciones y pueblos más remotos. La guerra reciente había dejado tras de sí un séquito de pequeñas criaturas sin familia y sin nombre, eso lo había conocido Rocío muy de cerca. No había día que desfilara algún mocoso desaliñado por el puesto de especias que instalaba cada día su madre en las puertas de su casa. Eran niños y niñas perdidos, unos demasiado pequeños para saber ni de su edad ni del pueblo del que provenían. Otros, la mayoría ocultaban sus orígenes porque sus ojos se habían acostumbrado al horror de los fusilamientos en masa en los últimos días en los que la venganza estaba a la orden del día. Su vida era el único tesoro a guardar, porque a pesar de los traumas y los terrores siempre hay un instinto de supervivencia que lo supera todo.

Rocío tiene muy claro, que el lugar en el que acaban inexorablemente los más pequeños es el hospicio de Córdoba, niños sin nombre ni filiación quienes con mucha suerte pueden caer en familias pudientes y afines al régimen y ser educados como hijos propios y en el peor pueden ser acogidos para servir, sobre todo las niñas, en cuanto a los niños en su mayoría se les enviaba al pastoreo. Las chicas, las más mayores acaban dedicándose al oficio más antiguo, el cual Rocío no sabe muy bien que es pero lo sospecha. La guerra con ese empecinamiento que tiene en hacer madurar a los más pequeños ya había abierto lo suficiente los ojos de la niña para imaginarse lo que hacían esas jovencitas por la callejuelas que surgían alrededor de la Plaza  de la Corredera.

Se apretujo con ese miedo que le venía cuando pensaba como era posible que de golpe se hubiera convertido en una niña perdida. Miro como había sucedido todo llevando sus recuerdos hasta justo el momento en que cogieron el tren en Córdoba, sabía porque con sus doce años había pocas cosas que se le escaparan, que después de un viaje previo de su padre a Membrilla, el pueblo que la vio nacer pero del que ella renegaba, que tenían algunos asuntos pendientes de arreglar. Los anarquistas, los del bando de su padre, habían vaciado toda la casa y hasta el gramófono cuya música era para la familia el bien más apreciado había pasado a ser un ben comunal. Pero esto, el hecho de la expropiación, no pareció importarle mucho a Juan, su padre. Lo que en realidad le importó fue su pérdida de filiación, en su retirada y como media de seguridad los colectivizadores habían destruido toda la documentación del Registro Civil y de la iglesia. Aunque a pesar del cuidado que tuvieron se produjo una auténtica masacre: 200 fusilados en un pueblo de poco más de 2.000 habitantes suponían más del diez por ciento. Porque en eso de las matemáticas no había hermano que la superara.

Al final y para poder arreglarlo todo lo más seguro, les habían dicho, que era necesario que se desplazara toda la familia, padre, madre más los ocho hijos ya que esta era la mejor forma de evitar males mayores,  ya que debido a “numerosas irregularidades” sumadas estas a la ideología ácrata del padre, el ir todos juntos daban a esta una imagen de familia como Dios manda. No como vivían ellos arrejuntados, algo que Rocío no supo hasta hacía unos días: si sus padres vivían en pecado, ellos no tenían padre y su madre era poco menos que una ramera. Eso le había dicho la hija de los Ramirez cuyo padre era abogado
Esos eran los asuntos urgentes de arreglar y para eso Juan estaba dispuesto a gastarse lo que fuera necesario anca el notario de Manzanares. Uno muy bueno que estaba especializado en arreglar este tipo de cosas de filiaciones.

Recuerda remotamente, que cuando hicieron el viaje de Membrilla a Córdoba, no habían tenido que hacer ningún tipo de trasbordo, que fueron muchas las horas pero que Córdoba apareció como un rayo de luz sin que hubieran tenido que bajarse del tren.
Pero este viaje era distinto, la mayoría de las estaciones abarrotadas de gente estaban destrozadas, la guerra había extendido en todas ellas su manto gris. Las paradas en medio de ningún lado eran frecuentes así como se eternizaba el tiempo en que el tren permanecía parado. Al final lograron llegar a Santa Cruz de Múdela y allí se asentaron gran parte del día mientras el hambre empezaba a acuciar. Era difícil proveer de comida cuando esta era escuetamente racionada a través de las cartillas de racionamiento, el mayor sueño de todos era que según les habían dicho en Membrilla podrían comer pan blanco. Así que todos soñaban con un manjar que es esos días escaseaba por Córdoba ciudad.

Fue cuestión de segundos, llego un tren y empezaron todos a apretar y a empujar, no supo en que momento perdió de vista a su familia. El tren inicio su marcha y ella se encontró allí rodeada de todos aquellos que esperaban otros trenes o que no habían estado alerta, como ella.

Ya era mayor para llorar, además después de todo lo pasado, se había acostumbrado a esconder sus lágrimas. Pero no podía decir que estaba perdida ¿Y si acababa en un lugar parecido a las callejuelas de La Corredera? Miro de refilón el control de la Guardia Civil, aquellos a los que la mayoría tenían miedo. Había visto demasiadas detenciones, gritos, golpes  de culata….los suficientes para que no le inspiraran ninguna confianza. Pero su padre siempre le había dicho que a pesar de la acatombe que habían vivido, siempre existían las buenas personas, que bastaba con mirar a tu alrededor y que siempre encontraría un rostro amable.

Lo encontró en el rostro de uno de esos jóvenes con tricornio, en un momento en que el valor superó a la desconfianza. Fue capaz de acercarse y decirle con la voz entrecortada y escondiendo las lágrimas que se había perdido. Que su familia había marchado hacia unas horas en un tren camino de Manzanares y que se habían olvidado de ella.

A pesar de las duras condiciones y de que las comunicaciones eran algo difícil y extraño, el joven Guardia Civil consiguió ponerse en contacto con la estación de Manzanares.
-- No te preocupes- le dijo- tu padre ya te había echado de menos y viene en un tren para aquí. Siéntate aquí cerca de nosotros y no te muevas.

Alguien, le regala una manzana y poco a poco algunos viajeros comparten con ella algo de su escasa comida, pero lo mejor de todo es cuando el jefe de estación se acerca a ella y le regala un pequeño pan blanco.
--Y comételo-  dijo- que aún tienes que crecer….

Cuando vuelvea reunirse con sus hermanos puede presumir de ser la primera en haber comido el mejor pan de harina de candeal que probaría en toda su vida.



PRIMAVERA 1949

La oscuridad de la noche envuelve la pequeña estación de tren hace rato que han pasado las nueve, pero como es habitual el tren llega con retraso. Es la imprecisión de los trenes de una posguerra que en España se alarga más de lo normal. Dentro del tren, escasamente iluminado, una joven nerviosa viaja sola, o al menos eso es lo que parece a primera vista porque si la miras con detenimiento te das cuenta que ese pequeño envoltorio de lana alberga una vida. Es el primer viaje de María si dejamos de lado su viaje principal: el de su nacimiento hace ahora apenas un mes y medio, pero eso ella ya no lo recuerda. Aquella preciosa cajita donde las niñas acumulan los recuerdos aún no acaba de funcionar del todo. Lo que sí es capaz de captar son las sensaciones de su madre y la nota triste y nerviosa. Triste por los que deja atrás, nerviosa por el futuro que le espera.

La luz cegadora irrumpe a la par que el traqueteo del expreso procedente de Córdoba, por instantes la estación de Manzanares se ilumina. Un hombre joven espera nervioso el reencuentro con su joven esposa, también hoy por fin podrá conocer a María su primera hija. La ve bajar del tren, menudita y chata ese es uno de los momentos en los que es consciente de cuanto la ama. Corre a ayudarla y recoge la maleta de cartón, la pequeña llora.

--Tiene hambre. – Dice ella consciente de que el largo viaje le ha impedido ponerla a mamar con tranquilidad – Vamos corriendo para casa….
--Pues tendremos que esperar – dice el – Pepe aún no ha llegado con el carro.

En ese momento Rocío vuelve a ser consciente de las limitaciones del lugar donde vive, nada que ver con la Córdoba que ha dejado atrás. Membrilla es otro mundo, más oscuro, más frio, más triste si cabe o puede que lo que sucede es que ella no se acaba de acostumbrar a la vida de casada. Pero ahora esta María, nunca más se sentirá sola, ¿Cómo es posible que una cosa tan chiquita le de esta sensación de seguridad y acompañamiento?
El tren inicia de nuevo su marcha hacia otros lugares inaccesibles para ellos, es imposible imaginar la vida más allá de los confines de Membrilla y de su casa, de nuevo en la estación reina la oscuridad.
La espera en medio del andén se hace larga, por la noche la estación está cerrada, el frio de la estepa manchega arrecia por las noches. Hay un pequeño soportal donde se guarecen, no hablan mucho, la idea del amor romántico hace tiempo que voló para Rocío dando paso a aquellas obligaciones que se recomiendan desde el movimiento. Membrilla antes colectivizada, es ahora todo un ejemplo de cómo se rigen los pueblos de la España oscura. Prefiere no pensar porque cuando piensa el miedo y la tristeza la embargan, él también tiene miedo desde que a los dieciséis le toco ir a aquella guerra cruel y después de que cumpliera los cuatro años de servicio militar. Por eso ante cualquier suceso que rompa con la cotidianidad dice:
-- Cuidado, que la van a volver a liar…--Y el ahora menos que antes quiere que se lie.

Son las diez de la noche pasadas y Pepe con el carro que transporta y recoge a los viajeros a la estación de Manzanares no aparece. Ella con algo de rubor ha tenido que sacarse el pecho para dar de comer a María, se desespera en la espera y esa intranquilidad se la traspasa a su niña.
--Este se ha olvidao – dice el – tendré que ir a buscarlo.
--No me dejes aquí sola – tiembla Rocío – que está muy oscuro.

En la oscuridad son conscientes de que es casi imposible recorrer los cuatro kilómetros que separan Manzanares de Membrilla. Los numerosos bultos que arrastra ella justo a la maleta y la niña y el frio, sobre todo el frio.

Es el frio el que decide por los dos, Rocío mira cómo se pierde la silueta en la negrura, la pequeña duerme el sueño de los inocentes mientras ella se encoje abrazada a su niña. Se aterroriza ante cualquier pequeño ruido de una estación que permanece yerta. El miedo la atenaza en cada instante, los minutos se hacen interminables y ella tiembla a la vez que llora por los que ha dejado atrás, padres y hermanos que se han quedado en el pequeño piso de Córdoba.

A lo lejos escucha el repicar de los cascos de la mula que arrastra el carro con una cierta fatiga, siente el resoplido y los pasos de ellos.
--Es que me he dormio, ya ni me acordaba--dice Pepe a modo de disculpa.

Suben al carro mientras Rocío se va sintiendo más tranquila a medida que ve las primeras casas del pueblo. Su casa está ahí, su hogar está ahí, en Membrilla.
Ante el portón de la casa están esperando sus cuñadas.
-- A ver esa muchacha……pero que hermosa está, habéis visto cuanto pelo tiene….

María reposa por fin en su cuna, la cuna en la que dormirá parte de su infancia, el hecho de tener parte de su familia en Córdoba la llevara a otros viajes, de momento ha superado el primero.


AULA DE ESCRITURA DE GIRONA
PROFESOR: JOAQUIM NOGUERÓ

3- CUENTO VERSIONADO




LA BELLA Y LA BESTIA DE JEANNE MARIE LEPRINCE DE BEAUMONT

(Inspirada por la versión de Walt Disney)

“Apenas pronunció estas palabras Belle vio que la mansión brillaba con todas sus luces. Los fuegos de artificio, la música, todo presagiaba una fiesta. Pero sus ojos no se detuvieron en estas bellezas. Se volvió hacia su querida Bestia cuyo estado le causaba terror. ¡¿Cuál no sería su sorpresa?! La Bestia había desaparecido, y a sus pies sólo vio a un príncipe más hermoso que el Amor, que le expresaba su agradecimiento por haber roto el hechizo que lo cubría.”

Cada día estaba convencida de haber dejado de amarle, cuando miraba hacia atrás era consciente del momento del cambio. Ella nunca soñó con un príncipe azul, sino todo lo contrario. Y allí estaba el intentando encender un fuego que ya era cenizas. Pulcro, guapo con aquella belleza masculina con la que mayoría sueñan menos Belle.Tenía que haberle hablado mucho antes de sus miedos, la bestia era capaz de pasarse horas escuchándola y compartiendo instantes mágicos de silencio. La hacía soñar envuelta en un sinfín constante de ronroneos felinos, cuando la amaba solo él era capaz de recorrer cada rincón de su cuerpo con sus lamidos. Nunca soñó que hacer el amor fuese algo tan infinitamente sensual.Ahora miraba atrás con añoranza, sentía encogerse su piel al pensar en aquellas manos suaves cual terciopelo, en aquellas zarpas medio escondidas que luchaban por no salir. El sentir de las caricias sinuosas sabiéndose dueña de la situación.Porque si alguna vez pudo amarla de una forma más intensa e infinita fue en aquellos días, en los que el dominando parte de su instinto animal se acoplaba a Belle embistiéndola con una sutileza que nunca hombre alguno llegaría a conseguir.Nunca lo vio tan hermoso como en aquellos días, momentos de lecturas junto al fuego y noches de pasión. Nunca su amor volvió a abrazarse a su alma, nunca formara tan parte suya. Nunca sería lo que fue.La metamorfosis se dio cuando Belle por amor salvo el ultimo pétalo de la rosa, aquel momento mágico se tornó en el inicio de la muerte de su amor.Porque un príncipe es un hombre con todos los vicios y debilidades de los hombres: orgullo, egoísmo, sentimiento de dominio, superioridad e incluso crueldad. Un hombre miente y si encima es príncipe vive con la continua necesidad de adulación, algo que Belle odia.Maldito pétalo de rosa, ¿Por qué no lo dejo caer? Belle no desea ser princesa, no soporta su cuerpo perfumado, no le gusta su egoísmo torpe el cual se hace más visible cuando él le hace el amor.  

AULA DE ESCRITURA DE GIRONA
PROFESOR:JOAQUIM NOGUERÓ

2- ESCRITO EN PRIMERA PERSONA





RELATO EN PRIMERA PERSONA Y DESDE LA VISIÓN DE LA NIÑA

NADA

 Tres de la tarde, julio de 1963, rozando los 40 grados…. Jolines lo que me ha costado librarme de la siesta, que manía la de los mayores…. — ¡Que soy mayor! —les grito, pero ellos siguen llamándome canija y eso que desde el invierno que cumplí los cinco y voy camino de los seis. Hoy he tenido que ser convincente: —Que me quedaré aquí quietecita mirando el cuento, que no me voy a mover, que os prometo y os juro que no voy a hacer NADA… Bueno pues ya hace un ratito que esta todo en silencio, a la tita se la oye roncar y el abuelito que está aquí en la mecedora hace rato que no se mece, así que voy a salir…Con cuidado ¡eh! no sea que se despierten. A ver, cierro la puerta…jopetas ¡que calor! Si es que se me enganchan los pies al suelo. Y ¿qué hago yo ahora?, bueno puedo ir a la galería de arriba, si, ya sé que lo tengo más que prohibido. Pero si están durmiendo no me ven. Vaya, pero ¿sola? Y que hago yo arriba sola, a ver:  — Milindrina, ven, no seas tonta, bisbisbisbis…. Jopelines que zarpazo, está gata está loca ¿o qué?, ya sé, creo que aún está enfadada conmigo, la tita dice que a los gatos no les gusta mucho el agua y yo quise comprobarlo tirándola dentro del barreño, pero eso fue el otro día… Voy a ver si Cus el perro de mi hermano… --Cus, Cus… ¿te vienes a jugar conmigo arriba?—¡Upala!, vamos para arriba, anda que lo que pesas….Bueno ya llegamos…A ver ¿A qué quieres que juguemos? Mira, si está aquí la caja secreta de la abuelita, vamos a mirar que hay dentro…Un jaboncillo, no…hilos, no…agujas, no que no se coser, un peine, ¡sí! Cus tenemos un peine voy a peinarte…Quietecito Cus que voy a ponerte muy guapo, así mi perrito, tu pórtate bien…

 Y ahora que estas guapo mira que he encontrado: ¡unos pendientes! Mira que son chulos, tu quietecito…vaya si no tienes agujeritos en las orejas…No te preocupes que yo creo que si te lo aprieto fuerte podremos hacerlos, tu quietecito, a ver, una, dos y….

Pues vaya, que aullidos, cuando yo digo que no me convencen los perros…son unos quejicas de cuidado, y ahora este alborotando por toda la casa. Si he tenido que bajar los escalones de cuatro en cuatro…Por fin, estoy donde me dejaron, ahora quietecita y a leer… —Ana ¿Qué le pasa a ese perro? —ese escandaloso hasta ha despertado a la tita, a la abuelita y al abuelito…. Me los miro a todos poniendo mi mejor cara de niña buena e inocente les sonrió y me concentro en las imágenes del cuento. --¿Qué le has hecho al pobre perro Ana? —pregunta la tita con voz enfadada. Me la miro con los ojos muy abiertos y le respondo con mi mejor sonrisa. —¿Yooooo? Si no me he movido de aquí. Yo no he hecho NADA.
AULA DE ESCRITURA GIRONA
PROFESOR: JOAQUIM NOGUERÓ



1- ¿PORQUE ESCRIBO?

Siempre he pensado que la culpa la tienen los indios, bueno ahora ya estoy convencida del todo. No es que fuera yo muy de películas de cowboys y más en unos años en los que estaba muy delimitado el tipo de películas que nos habían de gustar a las niñas. Y aunque, como no podía ser de otra forma, no me perdía ninguna de las películas de Marisol que llegaban cada dos semanas al cine de mi pequeño pueblo. Yo, con lo que realmente me quedaba eclipsada, era con las danzas ante el fuego de los indios. Así que lo tuve claro cuando con cinco años una amiga de mi madre me hizo la pregunta crucial:
--Y tu guapa ¿Qué quieres ser de mayor? —
--Jefe de los indios—respondí sin titubear.

Desde aquel día me gane a pulso mi fama de fantasiosa: --Muchos pájaros en la cabeza, tienes tu…
Dos años después, tuve mi futuro claro, ya que un día decidí que sería capitana de un barco en ultramar. La cosa no sería muy chocante, salvo por dos problemas difíciles de subsanar. El primero era que era impensable una niña de mediados de los sesenta pretendiera llegar más lejos que ser azafata de avión. El segundo y más difícil, era que no había visto el mar en mi vida y que en la inmensa estepa manchega que rodeaba mi infancia predominaban más los colores rojiverdes de los campos de trigo, nada que ver con los tonos azulados del Mediterráneo más cercano, pero a kilómetros de mí.

El segundo culpable de mi afición a leer continuamente, hecho que me llevo a escribir, fue el escritor inglés Charles Dickens, con quien a parir de los trece años tuve conversaciones más que interesantes, no os podéis imaginar todo lo que aprendí de él. Y aunque mi escritor preferido no me hablo en ningún momento de técnicas, ni de personajes, ni de narradores; tengo que decir, que dominaba como nadie el arte del embaucador. Así fue como me explicó que en un bosquecillo cercano. Por cierto, yo en aquellos años vivía en L’Hospitalet de Llobregat. Pues como decía en un bosque que descubrí un día en el que me escapé de casa buscando alguna aventura digna de explicar. Descubrí entre l’Hospitalet y Esplugues un pequeño bosque que según tengo entendido sirvió de escondite al presidente republicano Negrin.

No sé, quien le hablo a Charles del susodicho bosque, la cuestión es que se pasó noches insistiendo. Porque el insigne escritor, tenía el vicio de que en cuanto me veía dormida atravesaba mis sueños y se ponía a charlar conmigo. Supongo, que los escritores ya difuntos tienen ese vicio: hacer de mentores de las jovencitas que tienen la manía de escribir.

Como decía, fue Charles quien me convenció de que en el bosquecillo de Negrin había un tesoro por descubrir. Me enseñó exactamente el lugar, me dijo, aunque ahora me es difícil recordar todos los detalles; los pasos, los giros…para llegar al punto exacto, en el que yo pala en mano tenía que buscar. ¡La de días que me tiré buscando el dichoso tesoro! Así que mientras mis amigas se dedicaban al arte del ligoteo, yo como una ilusa rascaba la tierra de un bosque en L’Hospitalet, bueno tampoco es que estuviera muy por la labor de tener novio y esas cosas que me tocaban por edad…
Y volvió a surgir la dichosa pregunta, otra amiga de mi madre, pero en un lugar diferente y con las connotaciones de lo que se esperaba de las hijas de los recién llegados emigrantes:
--Y tu ¿De qué piensas trabajar? ---
--Quiero ser escritora---fue mi respuesta.
Mi madre esta vez intentó dar una disculpa ante semejante osadía por mi parte:
--Está es que siempre ha tenido la cabeza llena de pájaros…—

Y aunque no me quedo otra que incorporarme al mundo laboral con trece años, simultaneando estudios y trabajo. Conseguí lo máximo a lo que la hija de una familia obrera podía aspirar: Me saqué mi título de Comercio y Mecanografía para poder trabajar en una oficina, trabajo que ejercí por poco tiempo porque siempre lo odié.
De mis lecturas de Dickens, Víctor Hugo, Charlotte Bronte y otros escritores que tocaban a fondo cuestiones sociales. Nació mi otra vocación: la de educadora social y años más tarde criminóloga. Ejercí como educadora, lo de criminóloga ya es más difícil, pero da para mucho en este mundo de la imaginación
Y aunque de alguna forma, siempre he estado escribiendo, si más no mi imaginación era todo un bullicio de historias e ideas. Tener una familia con una historia digna de ser escrita para que no se pierda en la vacuidad del olvido, aunque solo sea por eso, sé, ahora más que nunca, que quiero escribir. El legado de mi madre, está compuesto por infinidad de historias, la mayoría de ellas reales y tengo claro que superan cualquier ficción. Así que gracias a las aventuras que me hizo vivir el autor de Oliver Twist, a sus palabras y consejos leídos entre líneas y filtrados en mis sueños. Gracias a una madre que tenía que ocultar su fiel creencia en mi porque a una chica emigrante de familia obrera, no le quedaba otra que aportar su salario para la subsistencia de la familia, fue capaz de trasmitir una historia de antepasados que esta forjada por cientos de historias. Así que no me queda otra que escribir y yo encantada…


ELS AVIS VELLETS (LOS ABUELOS VIEJECITOS)


Pensaba estos días en los abuelos, los más abuelos de todos: los bisabuelos. Algunos niños de la generación de mis nietos han tenido lo gran suerte de vivir de cerca con tres generaciones: sus padres, sus abuelos y "els avís vellets" como les llaman por Cataluña. Son esos abuelos que despiertan una ternura especial, aquellos que saben los niños que han de ser cuidados.
Mis padres llegaron a ser bisabuelos, mi nieto mayor pudo disfrutar de ellos, bueno mi madre bastante más. Cuando años después de morir mi padre, mi madre se vino a vivir a Banyoles, pocos meses después nació Ona mi nieta mayor. La imagen de mi madre con el bebe, es uno de los recuerdos más dulces que conservo.


- Que no sabré cogerla -me decía- que ya no me acuerdo...


Pero la niña captaba la tranquilidad en los brazos de su bisabuela y se dormía plácidamente. Ona y su hermano también pudieron disfrutar durante un tiempo de sus otros "avís vellets", los abuelos de su padre. Me encantaba la entonación de Unai cuando hablaba de ellos, lo decía así sin más, con una dulzura inmensa, sabia agradecer el milagro de haber podido conocerlos.


Yo fui de aquella generación en que la mayoría de abuelos morían a una edad que hoy consideraríamos " jóvenes", imposible conocer a todos los abuelos, menos aún bisabuelos. Mis hijas llegaron a conocer a uno de mis abuelos, privilegiadas de conocer un bis. Y ahora que la maternidad es más tardía, se hace imposible conocer los bis la mayoría de abuelos superan los 70 (yo fui abuela a los 41).


Y estos días pienso que estamos perdiendo a muchos "avís vellets" aquellos que tienen la capacidad de despertar la ternura de los niños, porque no han perdido la capacidad de soñar como ellos. El cansancio de unos se une a la energía vital de los pequeños creando nexos de complicidad. Es esta unión, esta simbiosis la que creo que desconocen en los países del norte, los de la Europa de los estados del bienestar. Ahora, más que nunca estoy comprendiendo que esos países que parecía que cubrían de todo lo necesario a sus ancianos descargando del peso en las familias, los metían en urnas de cristal sin más compañía que ellos mismos. Son los países que ahora nos critican por querer salvar a nuestros ancianos, por tenerlos en igualdad de derechos ante un respirador. Y es que por suerte en los países del sur aún no se ha perdido del todo el amor y el respeto por los mayores. Y si no preguntemos a los más pequeños. Se que en nuestro país, al igual que en Italia muchas sonrisas infantiles quedaran truncadas porque el abu, el bis o el "avi vellet" dejará de ser su cómplice. Alguien de quien aprender que a la vida no venimos solo a recibir sino también a dar.