Páginas

miércoles, 24 de febrero de 2016

 ESTE JUEVES RELATO: TRAVESURAS


POR UN TROZO DE QUESO



Todo ocurrió por un trozo de queso, lo que nadie en el centro pudo comprender era que hacia Rosa involucrada hasta el cuello en todo aquel afaire. Posiblemente si hubieran abierto más los oídos, si no tuvieran tanto trabajo atrasado, habrían estado más al tanto, pero quien sabe, porque a veces los ancianos se comportan como niños y entonces……

Todos sabían de la glotonería de Carmen, era tal que con su voz acaramelada conseguía quitarle cualquier tipo de comida al primer compañero que se encontrara. Como digo todo empezó con un trozo de queso Comté francés de tamaño considerable. Carmen siempre comentaba que cada año venían a visitarla unos amigos franceses y que le traían una buena cantidad del susodicho queso. 

Pues bien, el día esperado llegó y junto con los amigos llego el manjar más deseado el cual, y conociendo la afición de Carmen a la glotonería fue cuidadosamente depositado en el fondo de la nevera con la intención de dárselo de forma proporcionada y de acuerdo a las instrucciones de la enfermera.
Justo por esos días, Rosa, la anciana más seria y moderada que nunca nadie hubiera conocido, tuvo un enganche con una de las compañeras de mesa. Como los insultos de Rosa, que a malgenio no había quien la ganara, provocaron llantos y desganas, Jorge, el director del centro la llamó al orden enviándola por un tiempo indeterminado fuera de SU mesa y así fue como la anciana más seria y sensata acabo en la mesa más desordenada en la que estaba Carmen.
Carmen llevaba años postrada en una silla de ruedas, cosas de la edad, Rosa caminaba con dificultad cogida a su caminador, Luisa corría como una flecha lo que no le respondía era la cabeza, Antonio cruzaba el pasillo tembloroso sobre su bastón.

Después de los hechos acontecidos se supo sin muchas dificultades que Carmen fue la inductora y que los otros tres secundaron el plan. Pero Rosa, quien iba a pensarse que Rosa…..tan seria, tan sensata, tan responsable ella, vamos la que más años hacia que estaba en la residencia y que contaba con la confianza de todos.

Sabían que hacia las dos de la madrugada la cuidadora de noche estaría lejos entretenida con la ropa de las secadoras y la plancha. Se organizaron e hicieron guardia y justo en el momento acordado, subieron los tres en el ascensor que los bajaba hacia la cocina. Rosa con el corazón a punto de salírsele por la boca, Antonio con aquella sonrisa de un niño en el momento de hacer una travesura, Luisa solo los seguía con su mirada pérdida.

Abrir la nevera y encontrar en ella un mundo de manjares prohibidos: montones de flanes y gelatinas, latas de aceitunas, quesitos, hasta dos botellas de cava….y en el fondo el famoso trozo de queso, manjar exquisito del que su compañera tanto les había hablado.



Cogieron un carrito y fueron poniendo todos aquellos tesoros y algunos más: galletas, manzanas, algún pastelito de aquellos que nunca les dejaban comer. Sigilosamente volvieron al ascensor y con el mismo cuidado entraron en la habitación de Carmen, otros compañeros se unieron a la fiesta. Así Gala apareció con una inmensa caja de bombones que nadie supo de donde salió y Pedro aporto un buen puñado de caramelos saqueados en los múltiples festejos del centro.



Comieron y bebieron todo lo que les permitió el cuerpo, la que más Carmen que nunca tiene final: 
- Que me quiten lo bailaó! Gritaba hasta que no pudo más.

Fue tal el alboroto que Ana la cuidadora subió y casi le da un jamacuco de lo que se encontró, como eran casi las siete de la mañana no pudo arreglar el desaguisado antes de que fueran llegando sucesivamente sus compañeras. En ese momento, se escuchaban el todo el centro los gritos de Carmen:
-         Ay! Que me muero, que me muero de risa……

Y realmente se murió de verdad, dos días después en el hospital. Quienes fueron a darle su último adiós, descubrieron en Carmen aquella sonrisa socarrona que siempre la acompaño.

En cuanto a Rosa, des de ese día, fue la reina de la inducción en múltiples travesuras, siempre calladita y quieta en un rincón pero escondiendo una sonrisa socarrona legado inequívoco de su antecesora.





13 comentarios:

  1. Cualquier edad es buena para hacer travesuras y acabar con una sonrisa en los labios es algo impagable.
    Un saludo.

    ResponderEliminar
  2. Bien valió la travesura si estaba a punto de llegar su hora. Se fue feliz y contenta y con la sonrisa niña que seguramente la hacía verse más bonita!
    Linda tu historia de travesuras más allá de la infancia!
    Un abrazo

    ResponderEliminar
  3. Yo quiero llegar a esa edad y seguir haciendo travesuras, mientras se preparan es lo mejor. Me ha encantado y solo lamento no haber participado en la travesura. Saltibrincos

    ResponderEliminar
  4. A veces quién menos lo parece es el que monta todo el tinglado, como Rosa en este caso...tan calladita...y es que dicen que las personas mayores se vuelven como niños, supongo que así será.
    Un beso

    ResponderEliminar
  5. Bueno, al menos murió feliz, comiendo todo lo que le dio la gana, que a estas edades todo son prohibiciones.
    Un abrazo

    ResponderEliminar
  6. No hay edad para las ganas de vivir, no hay edad para la diversión, no hay edad para las travesuras. Me ha encantado tu historia.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  7. Entre dos la tenían y ella sola se cayó jajajaj Mira, lo mejor de todo es lo que estuvieron pensando y pensando para ese final... Y, qué narices, después de una vida complicada, que disfruten cómo les de la real gana sus últimos días.

    Un beso muy grande.

    ResponderEliminar
  8. Los ancianos son los niños más traviesos que existen en el mundo y a mi tu relato me ha dado mucha ternura...
    Besines!

    ResponderEliminar
  9. Es una travesura muy tierna y bonita. Lo que más me ha gustado es la edad. Preciosa, sinceramente. Besitos

    ResponderEliminar
  10. Las travesuras no tienen edad, "como el amor". Tierno tu relato. Saludos

    ResponderEliminar
  11. Los abuelos cuando se ponen son peores que los niños... conozco uno que le encolaba media cáscara de nueces en las patas a su gato para ver si mantenía el equilibrio!!!

    Un beso.

    ResponderEliminar
  12. Que divertida historia, Inma. Nos recuerdas que cualquier edad es buena para tratar de disfrutar de la vida (y de sus manjares). Aunque alguno tuviera que quedarse en el camino.

    Me encantó tu propuesta de jueves Inma. Ha estado cargada de divertidas travesuras. Enhorabuena, compañera.

    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  13. Yo quiero hacer muchas travesuras cuando se vieja. Jaja.
    Más besitos
    Me llevo tu blog, es precioso.

    ResponderEliminar